Ante el tedio y la rutina de un presente gris y aburrido, miramos al pasado con añoranza; los malos momentos se diluyen en el tiempo, y el tedio y la rutina, insustanciales, quedan olvidados por falta de interés. Al final, sólo quedan algunos instantes tan brillantes como fugaces: una mirada, un abrazo, una carcajada...
Algo similar ocurre con el futuro. Nos fascina porque aún no ha ocurrido y no sabemos cómo será. Nos gusta pensar que sólo depende de nosotros, que podemos lograr que lo que nos propongamos, y ponemos en él todas nuestras esperanzas -¿qué otra cosa podemos hacer?- aunque, segundo a segundo, se va transformando en gris rutina, en un aburrido presente.
Especialmente romántica es la visión que tenemos de otras épocas, pasadas o futuras; siempre gloriosas, llenas de misterio y aventura.
A menudo me pregunto qué gloria, misterio o aventura encontrarán las generaciones venideras en esta era. "¡Qué coraje!", quizá pensarán. "Con la mierda de vida que llevaban, y apenas había suicidios".
Por eso, supongo, nunca entenderé el postmodernismo. Puedo entender bastante bien a los autores; es muy terapéutico escribir sobre un tipo aún más gris que tú mismo, con una vida más aburrida que la tuya. Pero nunca entenderé a los que consumen esa bazofia. Con una vida gris y aburrida tengo más que suficiente.
miércoles 13 de julio de 2011
lunes 4 de julio de 2011
Soledades
Hay dos tipos de soledad.
Está la soledad autoimpuesta, loable, que busca quien necesita estar consigo mismo, escuchar el silencio. Hay otra que viene de fuera, de los demás: la soledad de quien no tiene a nadie; esta es patética.
Suelo decir que no aguanto a nadie, que me gusta estar solo, porque no me aguanto ni a mí mismo, pero en el fondo sé que es justo al revés. Quien realmente no se aguanta es aquel que no puede estar solo, que necesita tener a alguien a su lado a cualquier precio.
Supongo que en realidad me llevo bastante bien conmigo mismo.
Está la soledad autoimpuesta, loable, que busca quien necesita estar consigo mismo, escuchar el silencio. Hay otra que viene de fuera, de los demás: la soledad de quien no tiene a nadie; esta es patética.
Suelo decir que no aguanto a nadie, que me gusta estar solo, porque no me aguanto ni a mí mismo, pero en el fondo sé que es justo al revés. Quien realmente no se aguanta es aquel que no puede estar solo, que necesita tener a alguien a su lado a cualquier precio.
Supongo que en realidad me llevo bastante bien conmigo mismo.
martes 19 de abril de 2011
Análisis crítico de texto
Me he encontrado con esta noticia.
Y cito:
Vaya. Medio millón de muertos. ¿O apenas cuatro mil?
Hay una parte del artículo que me llama mucho la atención:
Supongamos que en el momento del accidente, la edad de la población estaba distribuida de forma más o menos heterogénea hasta la esperanza de vida, que son los 80 años. Habrá más gente joven por el crecimiento exponencial de la población, y porque con la edad declinan las posibilidades de supervivencia de un individuo; sin embargo, esto se compensa con la gente mayor de 80 años que estamos suponiendo que no existe. Aunque no es un modelo muy exacto, no tenemos nada mejor, y parece razonable; es lo bastante bueno para un estudio de blog, en cualquier caso.
Entonces, en el momento del accidente, de esos dos millones de víctimas, el 25% serían mayores de 60 años; esto es, medio millón de personas.
Entonces, veinte años después, habrá un conjunto de aproximadamente medio millón de personas, mayores de ochenta años y con una distribución de edad más o menos heterogénea hasta los cien años (suponiendo que todos sigan vivos, claro).
La conclusión es que esas quinientas mil personas
Y cito:
A un mes del vigésimo aniversario del accidente de Chernobyl, el mayor accidente nuclear ocurrido nunca, todavía no hay acuerdo sobre el número de víctimas afectadas por las materias readioactivas que se escaparon de la central nuclear de Ucrania. Naciones Unidas sólo admite que han muerto 4.000 personas, pero diversas organizaciones médicas y numerosos investigadores consideran que la cifra llega, como mínimo, a 500.000.
(...)
Por su parte, el diputado que dirige la Comisión Nacional para la Protección de la Radiación en Ucrania, Nikolai Omelyanets, afirma: “Al menos 500.000 personas –o tal vez más- han muerto hasta ahora, de los dos millones de personas que fueron clasificadas oficialmente como víctimas de Chernobyl en Ucrania”.
(...)
Estas cifras distan mucho de las que aceptan las autoridades y las instituciones encargadas del control de las secuelas del accidente. La AIEA (Agencia Atómica Internacional para la Energía, de Naciones Unidas) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) admiten que sólo 50 personas han muerto directamente por el accidente, y un máximo de 4.000 muertes pueden relacionarse con el desastre. Afirman que “sólo nueve niños han muerto de cáncer de tiroides en 20 años, y que la mayoría de las enfermedades registradas en la población de los 5 millones de personas que se considera que fue contaminada, son atribuibles a una pobreza creciente y a su tipo de vida poco saludable.”, tal como explica The Guardian.
Vaya. Medio millón de muertos. ¿O apenas cuatro mil?
Hay una parte del artículo que me llama mucho la atención:
Al menos 500.000 personas –o tal vez más- han muerto hasta ahora, de los dos millones de personas que fueron clasificadas oficialmente como víctimas de Chernobyl en Ucrania”.Por favor, lea atentamente el párrafo anterior. ¿Ya? Vuelva a leerlo, más despacio. Teniendo en cuenta que esta noticia es del vigésimo aniversario de la catástrofe, los datos son los siguientes:
- Hay dos millones de personas clasificadas oficialmente como víctimas de Chernobyl en Ucrania.
- Veinte años después, medio millón de esas personas habían muerto. ¡No especifican de qué!
Supongamos que en el momento del accidente, la edad de la población estaba distribuida de forma más o menos heterogénea hasta la esperanza de vida, que son los 80 años. Habrá más gente joven por el crecimiento exponencial de la población, y porque con la edad declinan las posibilidades de supervivencia de un individuo; sin embargo, esto se compensa con la gente mayor de 80 años que estamos suponiendo que no existe. Aunque no es un modelo muy exacto, no tenemos nada mejor, y parece razonable; es lo bastante bueno para un estudio de blog, en cualquier caso.
Entonces, en el momento del accidente, de esos dos millones de víctimas, el 25% serían mayores de 60 años; esto es, medio millón de personas.
Entonces, veinte años después, habrá un conjunto de aproximadamente medio millón de personas, mayores de ochenta años y con una distribución de edad más o menos heterogénea hasta los cien años (suponiendo que todos sigan vivos, claro).
La conclusión es que esas quinientas mil personas
HAN MUERTO DE VIEJAS
viernes 25 de febrero de 2011
Jamendo
Como ya dije, promociono en la medida de mis posibilidades la cultura libre; como no se encuentra mucha libre de verdad, en ocasiones tendré que conformarme con el gratis de la detestada licencia cc-by-nc-nd.
Jamendo es una plataforma de música Creative Commons, una especie de spotify gratis -esto es, sin publicidad, sin invitaciones, sin límites de tiempo...- y que funciona en el navegador, así que no hay que descargar nada para utilizarlo.
Algunos dicen que un artista que regala su música no puede hacer nada de calidad. Es un argumento tan fácil de rebatir y tan absurdo, que lo dejo como ejercicio para el lector; me voy a limitar a poner ejemplos.
El primero de ellos es Maya Filipič, una chica eslovaca que reside en Burgos. Aquí se puede escuchar uno de sus discos.
Luego está JT Bruce, que hace metal progresivo instrumental. Su último disco Universica.
Por último está zero-project, desde Grecia, el único de los tres con una auténtica licencia copyleft, concretamente la cc-by-sa, que permite hacer obras derivadas y uso comercial (tanto de las obras derivadas como de las originales) siempre y cuando se indique la autoría y se mantenga la misma licencia en las obras derivadas. Aquí uno de sus discos.
Insto a quien lea esto a mandarme referencias de otros grupos interesantes que, en mayor o menor grado, se salgan de los cánones que marca la tradición de la propiedad intelectual. Y si no se conoce ninguno, razón de más para bucear en los cientos de miles de canciones que ofrece Jamendo.
Jamendo es una plataforma de música Creative Commons, una especie de spotify gratis -esto es, sin publicidad, sin invitaciones, sin límites de tiempo...- y que funciona en el navegador, así que no hay que descargar nada para utilizarlo.
Algunos dicen que un artista que regala su música no puede hacer nada de calidad. Es un argumento tan fácil de rebatir y tan absurdo, que lo dejo como ejercicio para el lector; me voy a limitar a poner ejemplos.
El primero de ellos es Maya Filipič, una chica eslovaca que reside en Burgos. Aquí se puede escuchar uno de sus discos.
Luego está JT Bruce, que hace metal progresivo instrumental. Su último disco Universica.
Por último está zero-project, desde Grecia, el único de los tres con una auténtica licencia copyleft, concretamente la cc-by-sa, que permite hacer obras derivadas y uso comercial (tanto de las obras derivadas como de las originales) siempre y cuando se indique la autoría y se mantenga la misma licencia en las obras derivadas. Aquí uno de sus discos.
Insto a quien lea esto a mandarme referencias de otros grupos interesantes que, en mayor o menor grado, se salgan de los cánones que marca la tradición de la propiedad intelectual. Y si no se conoce ninguno, razón de más para bucear en los cientos de miles de canciones que ofrece Jamendo.
sábado 19 de febrero de 2011
Nos la han colado
En general, y como casi todo hijo de vecino, tomo de este mundo más de lo que dejo a cambio. No obstante, y a diferencia de casi todo hijo de vecino, soy consciente de esta situación e intento aportar mi granito de arena. Eso sí, sin mucho esfuerzo, no me vaya a cansar (protestar por los cristales rotos, ¡qué menos!).
Hace tiempo que promuevo el software libre todo lo que puedo, en la medida de mis posibilidades. Hace tiempo también, pero algo menos, que promuevo la cultura libre -libre de verdad-, y que publico con licencias libres todas mis creaciones -de valor cuestionable, pero esa es otra historia-, y siento que nos la han colado.
No ahora, sino hace ya varios años, nos la colaron por la puerta de atrás los adalides del todo gratis con los creative commons y su libertad descafeinada.
En tiempos inmemoriales, Richad M. Stallman definió las cuatro libertades que ha de ostentar una pieza de software para ser considerado libre:
Aunque no estén reñidos ambos conceptos, no son sinónimos; cualquiera puede coger software libre de la web y venderlo. Claro, que para eso hacen falta compradores, y sin un valor añadido interesante, poco éxito auguro a semejante negocio.
El caso es que los paladines del "procomún creativo" han hecho una licencia para las masas que quieren sentirse alternativas pero que no quieren que nadie se aproveche de esas obras de arte que, en su mayor parte, no valen el papel que se gastaría en imprimirlas (de la tinta, mejor no hablar). Porque de la cláusula nc (no-comercial, prohibe todo uso comercial) aún podemos discutir, pero ya me dirán estos señores qué tiene de libre una obra con la cláusula nd (no-derivative, prohibe crear obras derivadas).
Así que, gracias a este torpe intento de llevar el copyleft a las masas, hemos perdido fuera del ámbito del software esa guerra que inició Stallman tanto tiempo atrás; tenemos una serie de licencias genéricas (sirven para todo: documentación, música, fotografía...) que contentan a todo el mundo, y de las que normalmente solo se usa la más restrictiva: cc-by-nc-nd, que aporta poco en teoría, pues el permiso de copia que pretende otorgar ya lo tenemos todos en virtud de la LPI en el ámbito privado (que es mucho más amplio de lo que nos quieren hacer creer), y absolutamente nada en la práctica, porque con permiso de difusión pública o sin él, todo está en las redes P2P.
Insisto: Nos la han colado
Hace tiempo que promuevo el software libre todo lo que puedo, en la medida de mis posibilidades. Hace tiempo también, pero algo menos, que promuevo la cultura libre -libre de verdad-, y que publico con licencias libres todas mis creaciones -de valor cuestionable, pero esa es otra historia-, y siento que nos la han colado.
No ahora, sino hace ya varios años, nos la colaron por la puerta de atrás los adalides del todo gratis con los creative commons y su libertad descafeinada.
En tiempos inmemoriales, Richad M. Stallman definió las cuatro libertades que ha de ostentar una pieza de software para ser considerado libre:
- La libertad de usar el programa, con cualquier propósito.
- La libertad de estudiar cómo funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.
- La libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.
- La libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.
Aunque no estén reñidos ambos conceptos, no son sinónimos; cualquiera puede coger software libre de la web y venderlo. Claro, que para eso hacen falta compradores, y sin un valor añadido interesante, poco éxito auguro a semejante negocio.
El caso es que los paladines del "procomún creativo" han hecho una licencia para las masas que quieren sentirse alternativas pero que no quieren que nadie se aproveche de esas obras de arte que, en su mayor parte, no valen el papel que se gastaría en imprimirlas (de la tinta, mejor no hablar). Porque de la cláusula nc (no-comercial, prohibe todo uso comercial) aún podemos discutir, pero ya me dirán estos señores qué tiene de libre una obra con la cláusula nd (no-derivative, prohibe crear obras derivadas).
Así que, gracias a este torpe intento de llevar el copyleft a las masas, hemos perdido fuera del ámbito del software esa guerra que inició Stallman tanto tiempo atrás; tenemos una serie de licencias genéricas (sirven para todo: documentación, música, fotografía...) que contentan a todo el mundo, y de las que normalmente solo se usa la más restrictiva: cc-by-nc-nd, que aporta poco en teoría, pues el permiso de copia que pretende otorgar ya lo tenemos todos en virtud de la LPI en el ámbito privado (que es mucho más amplio de lo que nos quieren hacer creer), y absolutamente nada en la práctica, porque con permiso de difusión pública o sin él, todo está en las redes P2P.
Insisto: Nos la han colado
sábado 29 de enero de 2011
Narcisismo
A veces, al mirar a otra persona a los ojos, me veo reflejado en sus pupilas.
Y me enamoro de mi propio reflejo.
Y me enamoro de mi propio reflejo.
lunes 10 de enero de 2011
La verdad
La verdad llama a la puerta, y dices, 'vete, estoy buscando la verdad', así que se va.
Zen y el arte de mantener motocicletas
Robert M. Pirsig
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